Arts & Shouts

Existe un lugar en el cyber espacio en el que anida Seren, la relojera feroz. A medio camino entre monstruo prosaico, bello cascajo descolorido, sintaxis salpimentada de indómito coraje, aquelarre de fotos y temas y personajes y lugares prendidos fuego en el horizonte... se anima a ser.

Es un ser-ente, o parte de una construcción sintagmática en la que lo arrebatado de ese hipotético espíritu errante y la insolencia desmedida y provocadora hasta la exasperación ha decidido abrir caja y mostrar relojes, pensamientos, lapiceras, caleidoscopios, instalaciones artísticas y viajes; poesía y literatura: todo a su modo y forma

Bienvenidos a un sitio donde el Arte, el Hartazgo y Gemido se llevan a las mil maravillas.

Bienvenidos a Seren Vintage Watch Gallery

Bulova Accutron Lady calibre Bulova 221 ( 1974 )

Ah... qué placer el zumbido de este Bulova. Otra vez mi amigo Gustavo Vicentín haciendo de las suyas. Me regaló esta impresionante abejita amarronada bajo promesa que lo pondría en condiciones de funcionar. Le tuve que hacer unos mimos al principio porque no quería arrancar.  
El chico tiene un delicioso calibre 221. 


 
  

Y una reflexión escueta sobre los sonidos hermosos de las lapiceras que no paran de cantar.... 

¿ Lo escuchan ustedes también a ese nítido, apocado y sutil susurro de la pluma ? A mí me sumerge en un éxtasis, literalmente: me encanta escuchar ese débil y casi imperceptible quejido de la pluma mientras se desliza con gracia pero con firmeza por el papel. Ese contornear alegórico, ese rítmico latido que reverbera cuan estrella fugaz por los cielos de este Foro, no se apaga cuando dejamos de usar nuestras lapiceras, claro que no. Esos mansos y tonificantes sonidos del corazón de nuestras plumas invade con unánime complacencia nuestras almas sibaritas, a la espera que esa gracia rimbombante de los grafos se apodere impiadosamente de todos nosotros... 

Mi hermosa Parker verde y acero - regalo de mi madre y que ya cumplió 30 jóvenes añitos de uso continuo- tiene un susurro muy acompasado, casi melódico, mientras vagabundea aquí y allá dibujando letras. Su agarre magistral la convierte en enviciada portadora de elogios y cumplidos que no merece; pues su arte no es mayor a lo que produce con indescifrable desparpajo. Suelo usarla de noche, cuando programo mi rutina de trabajo, y su baile majestuoso desperdigando hilos de fabulosa tinta celeste claro - color feo si los hay - me parecen irreales, casi de fantasía. Algunas veces pienso que ella tiene vida, que me cuida y mima, en ese largo y difícil transcurrir que ha tenido mi vida, y su vida junto a la mía. 
Mi otra Parker es menos puntillosa, más serena. Ella no susurra, es gritona. Siento como que se hunde en las microscópicas fibras del papel y lo hacen estallar en frondosos, pulidos y mínimos pedazos de senderos largos, definidos y elegantes en cada surco, en cada trazo. Esa Parker joven e inexperta me hace reír, porque ella impone su recta cacofonía ( la misma que me gusta imitar cuando me acuerdo de ella ) y la obliga a vitorear su impronta en lineas muy nítidas y firmes; muy concretas y bellas...

Esos murmullos tan formidables, esos cantares de tintas que impregnan nuestra vida con historias y sonrisas; esos magníficos susurros sin mérito pero con estirpe de valiente hidalguía que persevera en la mente de todos los locos por las deliciosas lapiceras deberían recibir el premio al mérito de la hermosura por una pasión... francamente demoledora, infernal y divina

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